El día que pensé que podía morir, fue el día en que empecé a vivir

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“Sin embargo pasó el tiempo y  ese pequeño tumor fue creciendo a pasos agigantados, pero yo me tomaba las pastillitas que me habían recomendado confiando en que se podría desaparecer”…
Texto de: Gaby Ramos Monzón

Cerraba los ojos e intentaba creer que todo era una pesadilla, los cerraba con más fuerza para ver si podía regresar el tiempo, aprovecharlo al máximo y me aferraba a la imagen de mi hija mientras a lo lejos escuchaba el rotundo “tienes cáncer de mama”.

Mi incondicional  hermana hacía las preguntas lógicas, mi esposo me tomaba de la mano fuertemente mientras el doctor recibía un folder más con los resultados patológicos que le daban  el nombre con todo y apellido a mi tumor y con lo cual me hacían saber que me harían una mastectomía radical del seno derecho más vaciamiento axilar y colocación de catéter, es decir, era un hecho que después vendría un tratamiento con quimios. ¿Dudas Gabriela? Mi respuesta fue contundente “haz lo que sea necesario, pues mi única opción es vivir”.

Todo sucedió demasiado rápido, aunque pensándolo bien no fue así….

Una serie de eventos desafortunadamente afortunados

Cuatro meses antes al bañarme me detecté una “bolita” en mi seno derecho y con ello el estómago se me encogió como cuando me subía a la montaña rusa, salí de inmediato y me fui al ginecólogo quien me tranquilizó pues me dijo que tenía características benignas . Salí con unas pastillas, un gel y la orden para una biopsia de aspiración fina, “por no dejar”.

Quince días después me hice el estudio, lo más doloroso y ahora sé que me lastimaron mucho pues al no tener una mastografía y un ultrasonido no supieron en donde “picar” así que salí sin poder respirar de las punzadas que sentía, sin embargo a la semana recibí otros resultados tranquilizadores pues decían “compatible con fibroadenoma sin presencia de células malignas”, mi alma descanso y todos celebramos.

Sin embargo pasó el tiempo y  ese pequeño tumor fue creciendo a pasos agigantados, pero yo me tomaba las pastillitas que me habían recomendado confiando en que se podría desaparecer. No fue así y decidí regresar para saber qué podríamos hacer al respecto, pero el doctor me canalizó al oncólogo.

Fui a consulta sola pues únicamente me dirían de qué manera me sacarían esa protuberancia que me estaba incomodando para que ya no “diera lata”, pero no fue así,  desde ese día nada pintó como bueno. Entiendo perfecto que así tuvieron que ser las cosas y que gracias a esa biopsia mal realizada pude tener la fortuna de alertarme por el crecimiento del tumor.

Así empezó un capítulo más en mi vida: El despertar

Ahora veo claramente cómo me había convertido en una Gaby apagada, con el semblante sombrío y que llevaba un poco más de un año definiéndose como “cansada”, pero siempre me justificaba pues soy una mujer activa, que hace ejercicio, trabaja y con una hija de casi dos años , por lo que pensaba que no había más que terminar tan agotada al final del día.

Cuando mi corazón se paralizó de terror al saber que enfrentaría un cáncer descubrí que sólo en mi estaba la decisión de cómo recorrer ese camino. O lo transitaba con valor y aprendía día con día lo que me tuviera que enseñar o me moría en vida.

Salí de la operación y debo decir que una profunda paz me había invadido, al pararme por primera vez al baño pude ver mi nuevo rostro, es lo que más recuerdo porque volvió a brillar, mis ojos de huevo estrellado estaban limpios y me sentí guapa, radiante como hace muchos años no lo percibía en mí. Al natural. Con todo y bata de hospital.

Me tuve que ver al espejo en mi primer curación pero yo estaba lista para hacerlo pues sé que soy mucho más que una chichi y que de mi bubi me había despedido con todo el amor y agradecimiento pues me había acompañado durante muchos años y además me había ayudado a lo más hermoso que fue amamantar a mi hija, pero ahora tenía que vivir sin ella para poder seguir adelante. Al verme le di la bienvenida a mi nuevo cuerpo, cicatrizado pero de pie y con una batalla por delante.

Los días posteriores me preparé para lo que yo nombre mi prueba más grande, mi ultramaratón. Tenía que fortalecer mi cuerpo para los embates de las quimioterapias, mi espíritu para llevarme hasta el final de la lucha, mi mente y mis emociones para sanar de raíz y desaparecer el pinche cáncer de tajo de una vez por todas; el amor sería mi ingrediente favorito .

Soy afortunada por todo lo que he recibido en estos tres meses y una semana de este recorrido, muestras de cariño infinitas, un esposo que se parte en mil, una hija que me da “beshos”, unos padres de diez, mi segundo hogar con la familia de mi sister incondicional y quienes me apapachan cada semana que acudo a qumio, suegros, hermano y cuñada pendientes de mi y unos amigos de lujo, esos de toda la vida y que sacaron la garra para apoyarme desde el día uno.

Bendiciones mil, hasta me donaron una prótesis. ¿Cómo no luchar? Cómo no ser feliz?

Voy por la décima quimio de dieciséis, aún tengo cabello aunque poco a poco se despide de mí, pero tengo fe que esto es parte de un proceso de renovación.  Estoy agradecida con Dios pues la constancia y cuidado a mi cuerpo me han hecho seguir fuerte y sin  malestares.

Faltan estudios genéticos, decisiones por tomar, sin embargo suelo transportarme al día que me den mi “pase de salida” para decirme que estoy limpia y mientras eso sucede disfruto abrir los ojos en las mañanas, ver que mi hija invadió nuestro cama, respirar, tomarme las cosas con más calma como hace años no lo hacía, sonreír, pues nada está escrito y eso quedo aún más arraigado a mí en la quimio seis, justo en el temblor que le arrebató la vida a tantos sin estar “enfermos”, yo conectada a la máquina tuve la oportunidad de regresar a mi hogar, muchos otros jamás.

Así que mientras esto dure viviré y cuando esto pase seguirá siendo mi aventura favorita ¡vivir!

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Texto original de Gabriela Ramos Monzón. Mujer valiente, madre y esposa. Luchadora contra cáncer de mama.

 

 

 

 

 

 

Un campeón tiene miedo de perder. Los demás tienen miedo de ganar. Billie Jean King

 

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