¿Vives en la luna? Bienvenida al club de las mamás Dory

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“… me doy cuenta de que no sólo estas pifias me suceden a mí, sino también a muchas otras madres que viven como yo, con trescientos pensamientos revoloteándonos en la cabeza a la vez…”

Podría contarles un anecdotario entero de todas las distracciones descomunales que he tenido desde que nació mi primer hijo; pero podría doblar el tamaño de éste, desde que se agregó a la escena una segunda hija.

Y puedo asegurarles que yo era terrenal estando soltera, la luna no era mi residencia el 70% de las veces, como lo es hoy. No quiero culpar a los niños de habitar en Babia, pero digamos que ellos han contribuido bastante involucrándome en su caos natural.

Del olvido al no me acuerdo

Y es que me ha pasado de todo, he creído y jurado que tengo un evento o junta tal día, y he llegado al lugar para enterarme de que era la siguiente semana. O he ido, no una, sino dos o tres veces a recoger a mi hijo a la escuela, para recibir la noticia de que está en el taller que le contraté y que sale hasta la siguiente hora. Y por qué no, también me ha pasado al cocinar, un día queriendo hacer agua de fresa, le agregué chiles pensando que iba a hacer salsa, pero cuando le pinché al botón de la licuadora, recordé que ahí estaban las fresa. ¡Oh sí!

U otra muuuuuy común, me acuerdo de ir por algo, una cosa que olvidé en el piso de arriba, en la cocina, etc., y de pronto me encuentro algo desordenado o que llamó me atención, lo arreglo y me voy. ¡Y se me olvida hacer lo que tenía planeado en un principio! O de plano en lo que subí las escaleras ya olvidé a qué iba. Sí, memoria caótica de teflón.

¿De quién es la culpa?

Me aterra pensar que los antecedentes familiares en casa no son muy alentadores con abuela y tías abuelas con demencia senil.

Sin embargo, luego me consuelo y me doy cuenta de que no sólo estas pifias me suceden a mí, sino también a muchas otras madres que viven como yo, con trescientos pensamientos revoloteándonos en la cabeza a la vez; los cuales giran en torno a labores domésticas, pendientes familiares, preocupaciones infantiles, asuntos laborales, temas de salud y lo que se sume.

Sinceramente, me siento Dory, de la peli Buscando a Dory. Me acuerdo de cosas en flashazos, me digo, ah sí, ahorita hago tal o cual, y a los 5 minutos se esfuma el recuerdo y ya estoy haciendo otro pendiente.

Aunque soportada en la ciencia y en cómo han cambiado los tiempos desde que las abuelas eran madres con hijos pequeños; me escudo en que no soy distraída, sino que tengo neuronas de más; y no lo digo yo, sino un estudio de la Revista Journal of Neuroscience que afirma que las personas con mayor cantidad de materia gris en el lóbulo parietal superior, no logran mantener la concentración. Bueno, dentro de los males, el menor.

Pero también considero que nuestra vida caótica y llena de tantas actividades, donde no nos ayuda nada, querer ser las madres más eficientes del mundo mundial; arruinan nuestro enfoque.

De verdad me gustaría echar un vistazo a un día en el pasado de las abuelas. Seguramente muchas de ellas, aunque tenían hijos al por mayor y estaban ocupadas, llevaban una vida menos estresada y disminuida en pendientes; porque eso de los cursos y actividades extra escolares no existía. La mayoría no tenía automóvil, así que su movilidad era limitada y generalmente a los alrededores de la colonia y a pocos kilómetros de la misma.

Echaban mano de la ayuda de los hermanos mayores para cuidar a los pequeños y, claro, teniendo tantos niños, no se preocupaban en exceso (o nada) si tal o cual chiquillo estaba aburrido, porque había hermanos de sobra para jugar y mucha calle que explorar sin preocupaciones.

Pongamos orden

Por desgracia o ventura, esos tiempos han quedado en el pasado; así que las madres de hoy, al vernos envueltas en esta vorágine de actividades, no tenemos más estrategia que apoderarnos de una buena agenda, un calendario gigante y de nuestra varita mágica: nuestro smartphone; para no vivir en el modo “Dory” perenne.

Aunque en un ejercicio de honestidad, lo que en realidad tenemos que hacer es tratar de realizar una cosa a la vez; porque ya se comprobó científicamente que lo multitasking en las mujeres es una falacia y un mito.

Y también debemos dejar de atiborrar la agenda de eventos, compromisos y actividades y pararle al “síismo”, entendido como “sí claro, yo lo veo”, “sí, sí puedo ir”, “sí, yo veo cómo le hago”, “sí, yo llego”, “sí, sin problema”, “sí, yo te ayudo”.

¿Estoy en lo cierto o me regreso? Pongamos fin a la era de las “mamás Dory”, porque yo alucino vivir así. ¿Ustedes no?

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Es necesario saberse concentrar sobre una sola cosa. Todos los oficios deben ser ejercidos con concentración. Yamamoto Tsunetomo

 

 

 

 

 

 

 

 

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