Dos cosas están aniquilando al 99.9% de las mujeres. ¿Las conoces?

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“… vemos moros con tranchete por todas partes. Somos expertos en convertir nuestra cabeza en un gran bote de basura, qué digo bote, en un maloliente y nauseabundo camión de basura…”

Imagina esto como la voz interna de una paranoica. “Seguramente Chicho no me llamó porque anda con otra vieja”. “Si sigo engordando, van a pensar que no dejo de tragar todo el día”. “Ana estaba muy callada hoy, se me hace que se trae algo raro”. “Mi marido, ya ni pela, igual ya no le gusto como antes”, “La verdad, pensé que mi hijo se conseguiría una novia mejor”. “Ummm, yo pensé que mi cuñada cocinaba más rico”… Y síganle echando de su cosecha.

Tanta quejadera viene de un par de cosas que nos arruinan la existencia, que nos llenan de miedo, frustración, negatividad y angustia. Juntas son como las hermanas de Cenicienta, tan malas como la carne de cerdo (según se cree)

Un par que lo arruina todo

Hablo de: Asumir y de las Altas Expectativas.

Sí, nada más echémosle un vistazo a un mes de nuestra vida. Vean cuántas veces asumimos cosas que no son, es decir, vemos “moros con tranchete” por todas partes. ¿Por qué? Porque somos expertos en convertir nuestra cabeza en un gran bote de basura, qué digo bote, en un maloliente y nauseabundo camión de la basura, atiborrado de frases y pensamientos negativos, generalmente infundados.

Y qué tal las expectativas, que poniéndolo en palabras simples son, el “chance” razonable de que algo se concrete. No importa qué, todo en la vida viene cargado de ellas.

¿Quieres sufrir gratis?

Según una coach de vida que conocí, las cosas que más hacen sufrir al ser humano son asumir y tener altas expectativas.

Ejemplifico: Hace unos meses participé en un reality show de emprendimiento bastante famoso, donde las expectativas de los jueces y participantes eran altísimas. Total, entré, hice mi pitch y… nada. No conseguí mi objetivo.

Yo salí con una sonrisa. Tan obvia (y quizá fuera de contexto) que el camarógrafo me regresó y me dijo “A ver, vamos a grabar otra vez tu salida, tienes que verte triste”. En fin, hasta de actriz tuve que hacerle.

Al salir del foro de grabación, bajé a una oficina a firmar chorromil contratos por mi participación. Ahí uno de los chavos de producción me preguntó “¿Estas bien?” Yo respondí, “Sí, la verdad es que estoy muy contenta, la experiencia fue increíble”. Y lo que me dijo fue “Es que hay gente que de verdad sale muy mal. Llorando y todo”

¿Quééééée? De verdad, no daba crédito.

Luego, entendí que mientras yo le puse correa a mis expectativas, otros les soltaron la rienda al punto de drama.

Manos a la obra

Bueno, el punto es que para dominarnos hay que trabajar, y esto ayuda.

1. Preocúpate por lo estrictamente necesario. Darle vuelo a la hilacha al agobio por todo, no vale la pena. Piensa qué tiene solución y qué, no es de vida o muerte.

2. Perdónate y perdona a los demás. Ok, cometiste un error. Si no fue grave, olvídalo. Si puedes remediarlo, hazlo. Y también perdona a los demás por sus insensateces. Dicen que el rencor es un jarabe que se toma uno mismo a cucharadas.

3. Desconéctate. Practica el arte de cerrar las puertas del trabajo al llegar a casa; de sacudirte de un problema y dejar de rumiarlo por días o meses.

4. Aclara tus diferencias con los demás. Si tuviste un problema o malentendido y no dejas de darle vueltas a la cabeza, háblalo con esa persona. Aclara las diferencias.

5. Elige una frase favorita. Hay frases que te hacen mucho sentido en momentos difíciles, la mía es “Todo pasa por algo, quizá en el momento no lo entendemos, pero al pasar el tiempo, nos damos cuenta por qué pasó”.

6. Reconoce tus errores y ríete de ti mismo. Sí, el drama vende, pero también da mucha fiaca. Todos cometemos errores, supéralo rápido y da soluciones; de preferencia, aceptando con buen humor, que a veces eres “muy bruto”.

La práctica hace al maestro, así que dejemos de asumir y tener altas expectativas en 3,2,1.

“El chisme es el medio más dañino contra la intimidad, la paranoia el más destructivo y la envidia el más asesino”. Luis Carrillo Navas

 

 

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