¿Por qué las mujeres nos exigimos tanto?

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¿La razón? Muy simple. Queremos ser estúpidamente perfectas… Unas chingonas todo terreno”

Dar vida, ser sensibles, emprendedoras, intuitivas, empáticas, inteligentes y ser fuertes física y mentalmente son virtudes que nos distinguen de los hombres y nos hacen únicas.

Quizá no reflexionemos frecuentemente en esto; aunque deberíamos hacerlo para valorarnos más, exigirnos menos y hasta perdonarnos por ser tan duras con nosotras mismas.

Soy la peor entre las peores

Cuántas veces no hemos caído en críticas poco compasivas hacia nuestros cuerpos… “estoy hecha una vaca”, “qué asco de pelo”, “me veo hecha una piltrafa”, “este vestido se me ve horroroso con este cuerpo”, “quién se va a fijar en mí”. O críticas terribles a nuestro desempeño… “soy una pendeja por siempre confiar en la gente”, “soy la peor mamá del mundo”, “soy tan bruta que nunca me van a tomar en cuenta para ese puesto”, “a quién le va a importar mi opinión, mejor no digo nada”. Y así un largo etcétera.

¿Se han dado cuenta? Nos exigimos, reprochamos y autosaboteamos sin piedad. Nos ponemos de tapete, colocamos por delante a medio mundo antes que a nosotras (especialmente si somos madres), nos cuesta exigir y hacer respetar nuestros derechos y lo peor, desconfiamos de nuestras habilidades y capacidades.

¿La razón? Muy simple. Queremos ser estúpidamente perfectas. Estar buenonas, vernos bien arregladas, evidenciar que somos excelentes esposas y madres, demostrar que somos las más fregonas en el trabajo, obviar que somos cultas y versadas en cualquier tema (aunque sea por encimita) En pocas palabras, que somos “unas chingonas todo terreno”.

Pero, ¿a qué precio? Salud, estabilidad emocional, integridad física, todo se puede ir al hoyo si no hacemos un alto y le bajamos dos rayitas a los estándares nivel Dios que nos hemos autoimpuesto.

Pongamos manos a la obra

Seamos realistas. La mujer maravilla no existe, sólo somos simples mortales con defectos y virtudes como cualquiera; a pesar de que constantemente los medios y exigencias sociales nos quieran demostrar que la norma ISO 9000 wonder woman sí es posible.

Reconozcamos que no somos perfectas. Ni lo seremos. Siempre habrá algo que no nos guste en nuestro cuerpo o en nuestra forma de ser o hacer las cosas. Habrá cosas que se pueden corregir, pero muchas otras no.

Eliminemos la culpa. Las mujeres queremos todo y cuando no lo conseguimos nos sentimos la peores, nos torturamos porque no dimos el 200% (inexistente, por cierto) Dejemos estos comportamientos a un lado, sintámonos cómodas cuando de verdad hicimos nuestro mejor esfuerzo y las cosas no salieron como lo esperábamos. Dejemos de querer controlar, absolutamente todo.

Valorémonos. Si somos hábiles criticando, utilicemos esa sagacidad para hacer una lista de todo lo que hacemos bien o increíble, por mínimo o insignificante que parezca. Cocinar, comunicarnos, cuidar de los demás, ser generosas, grandes negociantes, súper anfitrionas, cariñosas, buenas amigas, excelentes costureras, etc.

Perdonémonos. Hablémosle a nuestro cuerpo con respeto, olvidémonos del “con estos brazos tan gordos, todo se me ve espantoso” y mejor cambiemos el discurso a “gracias por estos brazos, porque hay gente que no los tiene”.

Cambiemos lo que podamos. Trabajemos en lo que no nos gusta, pero de manera positiva; no critiquemos sin sentido. Si somos “unas brutas en finanzas”, busquemos la forma de aprender, de quitarnos la etiqueta de “negadas para esto o aquello”. Si estamos pasadas de peso, entendamos de dónde viene nuestro exceso, ¿de las emociones, de los malos hábitos? Busquemos ayuda.

Amémonos. Parece obvio, pero nos olvidamos de amarnos locamente como muchas veces lo hacemos con nuestra pareja o nuestros hijos.

Finalmente les digo que trabajemos en estos puntos día a día para hacerlos nuestra Biblia. Los cambios no son mágicos, ni existe el hada madrina que nos cumplirá nuestros deseos con varita en mano. El cambio está en nosotras.

Si el hombre supiera agradecer como sabe exigir, la sociedad sería otra. Anónimo

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One thought on “¿Por qué las mujeres nos exigimos tanto?

  1. Creo que lo que nos diferencia de un hombre es solo que podemos dar vida, porque también hay hombres sensibles, emprendedores, empíricos, fuertes física y emocionalmente, como dicen. Estas cualidades no son solo propias de mujeres, como lo dicen en sus primeras líneas.
    Yo creo que la clave para resptetarnos a nosotras mismas está en tratarnos bien, no auto castigarnos, respetarnos y así no nos estaremos exigiendo cosas que no podemos dar o que, sencillamente., estamos muy cansadas para hacerlo.
    Acabo de descubrir el blog y me da un gusto enorme conocer a blogueara mexicanas. Saludos!

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