Cómo evitar gastar de más con niños. Lectura obligada para mamás “ultra buenas”

“Por supuesto, acepto que en ocasiones compramos ciertos productos para “consentir” a nuestros hijos; y es muy difícil no hacerlo, y aún mucho más complicado no acceder a súplicas, gimoteos…”

“Mamá mala, nunca nos compras nada” Ésta es una de las frases favoritas de mis hijos cuando vamos al súper o una tienda y yo estoica suelo no aflojar un peso en gastos superfluos, caprichosos o de impulso. Y no es que realmente nunca les compre nada, sino que yo diría que “elijo mis batallas” y suelo comprarles algún detallito cuando menos se lo esperan.

Desfalco galopante

Hace años cuando tomaba un curso para iniciar una empresa, nos hicieron reflexionar acerca de todos los desembolsos minúsculos que a diario solíamos hacer y que mermaban imperceptiblemente nuestra economía al final del mes: la propina al “viene-viene”, la del cerillo del súper, los chicles, los cigarros, la limosna al del semáforo, etcétera.

Ahora hagan este ejercicio agregando el factor niños con toda su carga irracional y emocional, aunada a los malos hábitos que muchos papás tenemos al ir de compras. De entrada les cuento que en un estudio reciente hecho en México, apareció que los papás con niños pequeños, gastamos más en lo siguiente (sorpréndanse y empiecen a palomear): Cereales, galletas, yogurt, jugos (51 lts. al año por niño), refrescos, jamón, salchichas, mayonesa, pan, mermeladas, sopas de pasta, leche condensada, gelatinas, helados, paletas, leches saborizadas, botanas saladas, catsup y salsas botaneras. Posiblemente algunos de estos productos les parecerán comunes en hogares sin niños, en efecto, sólo que quienes los tenemos, invertimos entre 7% y 10% más en ellos.

¿Qué les parece? Y para rematar les digo que los días en que más gastamos los padres con preescolares son los domingos, por aquello de los antojos de ocasión. Como pueden darse cuenta, un buen porcentaje del presupuesto familiar se va como agua sin siquiera notarlo. Por supuesto, acepto que en ocasiones compramos ciertos productos para “consentir” a nuestros hijos; y es muy difícil no hacerlo, y aún mucho más complicado no acceder a súplicas, gimoteos, berrinches, malas caras y demás argucias que los niños suelen aplicarnos cuando desean algo porque sí.

Ya no me la compro

Aunque también admito que con los años me he hecho bastante insensible a estas estrategias infantiles y he logrado que entiendan un poco, que el dinero y las cosas no se consiguen con sólo desearlo, hay que trabajar por ellas, porque Cosmo y Wanda de los Padrinos Mágicos, sólo existen en las caricaturas.

Aquí les dejo cinco trucos facilísimos que me han funcionado para no hacer gastos innecesarios e impulsivos con los niños:

  1. Procuro no llevar a mis hijos al súper. Aquí mato dos pájaros de un tiro: hago las compras más rápido, menos estresada y evito peticiones de antojo fuera del presupuesto.
  2. Cuando inevitablemente los niños tienen que acompañarme a los autoservicios, procuro que no sea cuando tienen hambre, pero si no hay de otra me anticipo y les llevo un snack, de preferencia que no sea dulce para evitar que el azúcar haga estragos en su corta paciencia.
  3. Antes de entrar a la tienda, les advierto de antemano que voy a hacer compras para la casa o la despensa y no compras para niños.
  4. No compro juguetes de ningún tipo, a menos que sea por una ocasión especial y lo dejo muy claro. Lo más que hago es que al ir a una tienda, paso por el área de juguetes y les “presto” uno que les guste para que lo vean mientras hago las compras, y siempre con el recordatorio de que es un “juguete prestado” y que antes de llegar a cajas debemos devolverlo. Este truco de verdad me ha funcionado estupendamente porque los niños la pasan bien por un rato, reducen su ansiedad por el juguete y están consientes de que no lo compraré.
  5. Si insisten mucho y quiero darles la oportunidad de ganar una, les permito que decidan comprar una sola cosa, por ejemplo, unas barritas o unas galletas, un helado o unas papitas, pero no más de dos. Sí, ya sé que puede no ser lo más nutritivo, pero no se me olvida que yo igual fui niña y también se me antojaban las “cochinadas”.

Quizás mis hijos no siempre estén de acuerdo con estas reglas y posiblemente otros padres consideren que no son las mejores prácticas, sin embargo, este tema no tiene que ver con nivel socioeconómico ni ingresos, sino con un tema de disciplina económica que estoy segura impactará en su futuro y los hará más reflexivos en su forma de elegir entre las compras necesarias y de gusto. Así que mientras ellos crecen, aguantaré la etiqueta de “Mamá mala” con algunos destellos de “Eres la mejor mamá del mundo” cuando poquísimas veces bajo la guardia y acepto gastar en lo que ellos quieren porque sí.

“Cuida de los pequeños gastos; un pequeño agujero hunde un barco” Benjamin Franklin

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